sábado, 4 de septiembre de 2010

Soy yo.

Ella había perdido su camino. Su destino jamás había sido fijado, y se encontraba rondando en espera de encontrar un atajo hacia la nada. De esta forma, ella vivió por mucho tiempo, continuando por un sendero en espera de una iluminación espontánea, sin una meta o un objetivo.
Un día, igual que aquellos otros, mientras caminaba por esa perpetua senda sin la expectativa de un cambio, algo sucedió. Comenzó a escuchar un diminuto murmullo. Intrigada, se intentó acercar a él, pero el momento en el que ella se aproximaba al origen, este se alejaba, lo cual le impedía comprender el significado de las palabras. Decidió ignorarlo, y continuar con su absurdo camino.
Sin embargo, el murmullo no cesó. Ella hizo como si nada sucediera por un rato, pero nuevamente la curiosidad de comprender esos sonidos fatigantes la hizo detenerse y preguntar “¿Quién es? ¿Qué dices? ¿Qué quieres?”. Sin embargo, como era de esperarse, ella no comprendió la respuesta. Fastidiada, nuevamente hizo como si nada sucediera y volvió a emprender su ruta.
El murmullo jamás cedió, y después de un rato ella comenzó a apreciar la belleza del sonido provocándole imágenes que relataban su origen. En un momento de gran curiosidad, nuevamente se detuvo y le preguntó “¿quién eres?”. Al no obtener respuesta, la intriga le hizo preguntarse si valdría la pena distraer un poco su camino para acercarse.
Tomó aire, y dio un paso fuera del sendero, cerrando los ojos volvió a intentarlo “¿quién eres?”. “Soy yo”.

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